Fallecimiento del médico homeópata inglés Dr. Peter Fisher


Ayer, 15 de agosto de 2018, falleció en Londres Peter Fisher, médico homeópata inglés, especialista en enfermedades reumáticas, ex Director de Investigación del Royal London Hospital for Integrated Medicine  (previamente Royal London Homoeopathic Hospital), consultor honorario en reumatología del King’s College Hospital, presidente de The Faculty of Homeopathy, editor de la revista científica Homeopathy, médico de la reina de Inglaterra y de otros miembros de la familia real, y titular del grupo de trabajo sobre homeopatía y miembro del panel de expertos en medicina tradicional y complementaria de la OMS. Había sido galardonado con el Medalla de Oro Albert Schweitzer de la Academia de Medicina de Polonia en 2007. Fue autor de numerosísimas publicaciones científicas.

Hasta aquí, un resumen de sus vastísimos méritos profesionales y académicos. Pero preferiría referirme a aspectos de su persona, que hicieron de él alguien excepcional.

Peter estudió medicina en la Universidad de Cambridge. Muy joven, se enfrentó a una enfermedad rara, grave y de mal pronóstico. La falta de respuesta a los tratamientos convencionales con probable desenlace fatal lo llevó a recurrir a la homeopatía, con la que curó rápida y definitivamente. A raíz de esta impactante historia personal decidió especializarse y dedicarse a ella con toda su energía. Muy pronto comprendió en toda su magnitud la importancia que tenía que la homeopatía retomara la senda de la investigación científica, terreno en el que en algún momento del siglo XX había quedado rezagada. Se convirtió muy rápidamente en un referente mundial en la materia. Desde su lugar de trabajo dedicó enormes esfuerzos para llevar adelante investigaciones científicas, sin dejar nunca de lado la atención de sus pacientes en el hospital.

Extremadamente medido y preciso con las palabras, exigía de sí mismo y de sus interlocutores una adecuada fundamentación de todo lo que se decía y hacía, aunque sin abandonar jamás la cortesía y el buen humor. No dudaba en expresar lo que pensaba y era terminante ante el derroche vano de palabras y la falta de rigor, como cuando en una sesión de un congreso mundial de homeopatía se animó a decirle a un expositor muy respetado y mucho mayor que él, “Usted construye castillos en el aire.” Creo que ese fue mi primer contacto con él, probablemente en los 80s.

Como editor de Homeopathy, los consejos que solía dar a quienes quisieran publicar en la revista parecían antológicos: “primero, no intente con su publicación comenzar un viaje del ego. Si lo hace, es un error porque no lo va a llevar a nada. Asegúrese de tener una buena idea que aporte algo novedoso e importante para nuestro conocimiento. Después, si no sabe cómo seguir, aquí estamos para ayudarlo.” Más de cerca, pude constatar que no había amistad que le impidiera ser implacable a la hora de criticar los borradores, pedir cambios, recortes y justificación para todo lo escrito. No toleraba en las publicaciones la pura opinión y menos aún las afirmaciones autorreferenciales. Para Peter, nada de esto era una cuestión personal, sino que todo estaba al servicio de la búsqueda la verdad. Su honestidad intelectual no admitía claudicaciones interesadas. Aun en público y debatiendo con los críticos de la homeopatía, no dudaba en reconocer la mala calidad de algunas investigaciones, aunque esto fuera en contra de sus intereses.

Tenía un gran sentido del humor, que expresaba con gran sutileza. Supongo que esto habrá influido en la curiosa idea que tuvo para desenmascarar a los rabdomantes que, ilusos o ilusionistas, afirmaban que podían reconocer a un medicamento homeopático con el péndulo. Diseñó un experimento y los invitó a participar, cosa que hicieron muy gustosos. Demostró y publicó lo que muchos creíamos: no se puede.

Peter era un hombre de una vasta sabiduría. Cultivaba las artes, las letras, la historia, la música y la filosofía. Sus conocimientos médicos eran enormes, dominaba la epidemiología y el arte de la investigación. Viajero incansable, admiraba lo que de valioso hay en todas las culturas y de todas algo sabía. Podía sorprender explicando las características y origen del culto a Jemanjá en Brasil o recitar de memoria a Julio César en latín. Aunque de nada de todo esto se vanagloriaba. Es probable que este mismo universalismo lo haya llevado a cambiar el nombre de la revista The British Homeopathic Journal por simplemente Homeopathy.

Para todos quienes lo conocimos fue una fuente inagotable de inspiración. Nos enseñó a pensar con rigor, a no conformarnos con explicaciones fáciles y a no claudicar en la búsqueda de la verdad por intereses mezquinos. Con paciencia, colaboró generosamente en todo lo que pudo y daba consejo a quien se lo pidiera. En todos lados se lo admiraba y reverenciaba, pero era inmune a los halagos y trataba a todos con cordialidad y sencillez. Cultivó lazos de amistad con personas del mundo entero.

Visitó varias veces la Argentina, la última en noviembre de 2017 con ocasión de una jornada de la Red para la Integración Iberoamericana de la Investigación Médica en Homeopatía en la ciudad de Córdoba. Como siempre, deslumbró con sus conferencias. Aprovechó para conocer las provincias de Salta y Jujuy, de las que volvió encantado.

En los últimos años, a causa de fuertes ataques mediáticos a la homeopatía en Gran Bretaña, había quedado en el ojo de la tormenta. No le tembló el pulso para participar de los más duros debates públicos, hasta en el mismo Parlamento Británico, y defender siempre con serenidad, altura, claridad, precisión y amplia fundamentación todo lo que consideraba cierto. En una de estas discusiones públicas afirmó: “dejaría inmediatamente la homeopatía si tuviera la más mínima duda de su efectividad.” Ante la pregunta personal del porqué de tantos ataques, me respondió: “cuanta más evidencia científica a favor de la homeopatía se acumula, más arrecian los ataques de sus oponentes. Es que no quieren o no pueden aceptar lo evidente y parece que patalearan como si chicos malcriados.”

Murió en un inesperado accidente de bicicleta, medio de transporte que usaba para ir al hospital aún en invierno y con lluvia. Tenía 67 años.

¡Cómo lo vamos a extrañar!

Cuando la verdad se oculta. Campaña #LIBEREN EL PRIMER INFORME sobre la homeopatía


Cuando la verdad se oculta. Campaña #LIBEREN EL PRIMER INFORME sobre la homeopatía

En 2015, el National Health and Medical Research Council (NHMRC) del gobierno australiano publicó el informe de una investigación que concluía que no había pruebas de efectividad en el tratamiento homeopático. La investigación, que desde entonces ha sido utilizada como prueba definitiva de que la homeopatía no sirve para nada, fue duramente cuestionada por la…

Ver nota completa en: Cuando la verdad se oculta. Campaña #LIBEREN EL PRIMER INFORME sobre la homeopatía — Departamento de Homeopatía, Universidad Maimónides

 

Mecanismo de acción de un medicamento homeopático


El médico español Gualberto Díaz Sáez, explica el mecanismo de acción del medicamento homeopático Gelsemium sempervirens

16% de la población argentina se atiende regularmente con homeopatía


 

De acuerdo con una encuesta encargada por el diario Clarín, el 16% de los argentinos utiliza regularmente homeopatía y un 40% la ha utilizado alguna vez. Vea la nota completa, publicada en el sitio del Departamento de Homeopatía de la Universidad Maimónides.

El 16% de los argentinos utiliza regularmente medicamentos homeopáticos — Departamento de Homeopatía, Universidad Maimónides

Fiebre amarilla. Advertencia de la Asociación Médica Homeopática Brasilera


La Asociación Médica Homeopática Brasilera ante el brote de fiebre amarilla en ese país, advierte que la principal herramienta de prevención de esta enfermedad es la vacuna. A pesar de lo que los medios puedan difundir, no hay productos homeopáticos que hayan demostrado ser eficaces para prevenir la fiebre amarilla y que puedan reemplazar el uso de la vacunación. Aunque también destacan que la homeopatía “puede ser de gran utilidad en el control de los síntomas de la enfermedad.”

Ver el comunicado completo:

https://amhb.org.br/febre-amarela-comunicado-importante/

Medicina preventiva, verdades y mitos. Parte 1. Punto de partida y definiciones


Introducción

Hoy comienza la publicación de una serie de notas cortas acerca de esta cuestión tan de moda de la medicina preventiva, sobre la que tanto insisten médicos, medios, gobiernos, organizaciones de pacientes y pacientes. En lo personal, intenta ser una indagación sesuda y mesurada que pueda desentrañar dentro de una montaña de información, qué hay de realmente útil y valioso, qué hay de innecesario o incluso dañino.

Si bien somos mortales, todos deseamos mantener la buena salud el mayor tiempo posible, evitando enfermedades y accidentes que nos lleven precozmente a la incapacidad o la muerte. Es sabido que en los últimos 100 años se ha producido un aumento sostenido e impactante de las expectativas de vida, especialmente en el mundo desarrollado. Veremos en el transcurso de estas notas que a diferencia a lo que se cree y dice, el aporte de la medicina para llegar a este resultado no ha sido el más importante. Mucho más decisivos han sido el desarrollo económico (hay que decirlo sin ambigüedades: la pobreza se asocia íntimamente con una menor expectativa de vida), la mejora en las condiciones generales de vida y de los ambientes de trabajo, la provisión de agua potable y cloacas, y la mejora en la calidad y cantidad de la alimentación. Un ejemplo fantástico de lo anterior es la invención y popularización del refrigerador. Esto ha permitido una conservación natural de los alimentos y terminar con métodos de conservación nocivos para la salud como la salazón de las carnes. Al uso extendido del refrigerador se atribuye la dramática reducción de la incidencia de cáncer de estómago, otrora muy frecuente. Si hay una intervención médica que ha tenido un impacto dramático en las expectativas de vida, esta ha sido la de las vacunas.

 

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